La compañía estadounidense de inteligencia artificial Anthropic, creadora del asistente Claude, ha puesto en marcha un ambicioso aparato de vigilancia y análisis predictivo destinado a hacer un seguimiento estrecho de activistas y organizaciones opuestos al desarrollo acelerado de esta tecnología.
Una investigación firmada por el periodista Daniel Boguslaw y publicada en la revista The American Prospect desvela que la firma no solo rastrea las protestas que se convocan en las inmediaciones de sus instalaciones o en los itinerarios de sus directivos, sino que aplica un enfoque enfocado en la “prevención del delito” que abarca la denuncia proactiva de sospechosos ante la Policía “antes de que se cometa una infracción”.
El despliegue de esta infraestructura de inteligencia interna choca de manera directa con la estrategia de comunicación que Anthropic ha mantenido desde sus inicios, mediante la cual buscaba proyectarse como “la alternativa ética y responsable” frente a competidores como OpenAI. A comienzos de este año, la empresa protagonizó un notable desencuentro con el Departamento de Guerra de Estados Unidos tras negarse a que el estamento militar utilizase sus herramientas en tareas de vigilancia masiva nacional o en el desarrollo de armamento autónomo. Sin embargo, ese distanciamiento institucional ha comenzado a diluirse a medida que la tecnológica oferta puestos de trabajo orientados a ventas en el sector militar.
La arquitectura de este sistema de vigilancia empezó a quedar al descubierto a raíz de las declaraciones realizadas en una entrevista en la que participaron Keon Ellison, gerente del Centro de Operaciones de Seguridad Global de Anthropic, Zach Melvin, responsable de operaciones de seguridad de la firma, y James Neufeld, consejero delegado de Samdesk, una plataforma contratada por la tecnológica para la detección automatizada de “riesgos”. En dicha conversación, Ellison explicó cómo la tecnología de Samdesk permitió alertar con una hora de antelación sobre el adelanto de una manifestación organizada en una gran metrópoli por la que debía desplazarse un alto ejecutivo de la empresa. Gracias a esa información procesada en tiempo real, el equipo de seguridad pudo diseñar una ruta alternativa hacia la entrada de servicio de su hotel y evitar que el directivo se viera inmerso en la protesta.
El modelo operativo impulsado por la tecnológica sobrepasa la protección física de sus altos cargos y aspira a “predecir incidentes analizando patrones de conducta a lo largo del tiempo”. Según una información publicada en julio por el diario The Wall Street Journal, Anthropic ha comenzado a enviar notificaciones de forma periódica a diversos departamentos de policía de Estados Unidos tras catalogar a determinados individuos como “personas de interés” dentro de sus protocolos internos. Portavoces de la compañía confirmaron que rastrean “comportamientos preocupantes” mediante estos registros de seguimiento.
Un caso concreto de esta política fue revelado el mes pasado por el periódico local The San Francisco Standard, que dio a conocer que Anthropic denunció a un usuario ante la policía de San Francisco después de que este manifestara en la plataforma Claude que había adquirido un fusil semiautomático AR-15 y que tenía en el punto de mira al consejero delegado de la empresa, Dario Amodei. Aunque esta persona declaró posteriormente al diario que se trataba de un comentario frívolo en internet, la firma alertó de inmediato a la Policía.
El esfuerzo de la empresa por consolidar su equipo de vigilancia se refleja también en sus ofertas laborales. Una vacante publicada el mes pasado para contratar a un especialista en inteligencia empresarial, con una remuneración anual de entre 180.000 y 230.000 dólares, especifica entre sus atribuciones la investigación de “amenazas específicas, la recopilación de información en fuentes abiertas y el análisis de riesgos” que van desde la inestabilidad geopolítica y el cibercrimen hasta el activismo social.
Esta escalada de control social coincide con las presiones de diversos lobbies del sector, como la organización Americans for Responsible Innovation, para que la administración estadounidense clasifique la infraestructura de la inteligencia artificial, incluidos los centros de datos y las redes de suministro eléctrico, como “infraestructura crítica nacional”. Una declaración de esta naturaleza situaría a la IA al mismo nivel que los servicios de agua o electricidad, lo que proporcionaría a compañías como Anthropic, OpenAI o Google un acceso privilegiado a los productos de inteligencia de las agencias federales y permitiría a la Policía redefinir el activismo o la protesta contra la IA como una “amenaza extrema contra la seguridad nacional”.
Fuente: Diario Socialista

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