En octubre de 2024 escribí que las gafas conectadas podían llegar «primero poco a poco y al final de repente». Creo que algunos puntos de aquel análisis continúan siendo valiosos, aunque, al releerme en 2026, no puedo sino concluir que quedó incompleto, que hay mucho más que debatir en ese «de repente».
Sigue siendo cierto que las gafas conectadas que graban están todavía en fase de early adopters pero también que ya tienen su propia iconografía del abuso: vídeos de supuestos pickup artists abordando a mujeres en gimnasios, bromas a camareros y ancianos buscando la reacción humillante, y el apodo de «gafas de pervertido» que Meta intentará quitarse de encima. A diferencia de otras irrupciones de nuevas tecnología, resulta característico de nuestra sociedad informativa que lo extremo sea mucho más visible desde el primer día que el uso medio y sus posibles beneficios.



